miércoles, 16 de mayo de 2012


YACHAY HUASI  AMAUTA
Folleto  de  investigación pedagógica Nº 01
Citado  Revista  Nº 49  OPREAL  NOVIEMBRE DEL 2010
 “Un Amauta es una persona que vive en el plano de la dedicación a la  verdad, un sabio al cual solo le interesa propagar el bien común sin  interés personal”

EL BUEN PROFESOR VISTO DESDE  LOS ESTUDIANTES

Hay un conjunto de características de los maestros que son especialmente valoradas por parte de sus alumnos, y se refieren principalmente a las capacidades didácticas para comunicar y transferir el conocimiento, junto con aspectos actitudinales y relacionales con los estudiantes.
El buen manejo del campo disciplinario en el que se desempeñan los docentes es también un factor destacado. Por ejemplo, en el estudio de Brookfield (2006) sobre competencias de los maestros en escuelas secundarias de Estados Unidos, los estudiantes señalan que la credibilidad y la autenticidad de los profesores/as son los dos aspectos más valorados.
Un tercer aspecto, también vinculado al ámbito relacional, refiere a la necesidad que expresan los estudiantes de secundaria de ser tratados como adultos por parte de sus maestros. Los estudiantes estadounidenses valoran principalmente que sus docentes tengan algo pertinente e importante que decir o mostrar, que sean abiertos y honestos en su trato con ellos, que los respeten y los traten como adultos. Los resultados de este estudio muestran cómo los conocimientos y saberes disciplinarios de los maestros aparecen, desde el punto de vista de los alumnos, muy ligados a la forma y actitud en que ellos son transferidos en el proceso de enseñanza y aprendizaje. La habilidad pedagógica, la experiencia, el respeto y la convicción con que los docentes trabajen los contenidos, adquieren centralidad para el proceso de aprendizaje (Brookfield, 2006).
Señalan, por ejemplo, que un buen profesor se reconoce por su capacidad de responder preguntas y reaccionar adecuadamente frente a eventos inesperados o conflictos en el aula, mientras que su credibilidad se verá reflejada en la habilidad para fundamentar sus decisiones y especialmente los criterios de evaluación. Además, se requiere de los profesores el necesario tiempo para retroalimentarlos sobre lo hecho y logrado. En cuanto a los indicadores de autenticidad, los alumnos se refieren a la congruencia entre el discurso y la acción de los profesores: el dar a conocer o explicitar los criterios, las expectativas y la agenda de trabajo con ellos; ser un real apoyo y ayuda para el aprendizaje; y la capacidad de compartir con sus alumnos su vida fuera del aula, entre otros aspectos.

Por su parte, la investigación de Abramovay y Castro (2003) realizada con estudiantes de educación media (secundaria) en 13 ciudades capitales del Brasil, muestra que los alumnos priorizan lo pedagógico y actitudinal, relacional como cualidades que distinguen a un buen profesor. Entre las principales características que asocian a un buen docente, se destacan en el siguiente orden de importancia:
·                Su capacidad para expresarse con claridad y lograr así que los estudiantes comprendan y asimilen lo abordado.
·                Su interés en enseñar y la capacidad de motivar y aprender de sus alumnos.
·                Ser amigo de los alumnos.
·                Control sobre la clase.
·                Dominio y actualización del contenido que enseña.
·                Respeto hacia los estudiantes.
De acuerdo a los estudiantes, un buen profesor es antes que nada aquel que logra que los estudiantes quieran aprender y cuenta además con las estrategias y capacidad didáctica para hacer comprensible e interesante aquello que deben aprender. Para ellos, el buen docente se distingue por su capacidad para despertar el interés y motivación por aprender en sus alumnos y por saber enseñarles. En este “saber enseñar” destacan no solo el saber transmitir, sino también la puntualidad, la dedicación y el tiempo reservado a explicar hasta lograr que los estudiantes entiendan y asimilen lo tratado, así como la preocupación constante para estimular su participación y verificar que ellos hayan efectivamente aprendido.
La confianza en sus maestros, que supone el desarrollo de lazos de amistad real entre docentes y alumnos, es otro aspecto destacable y que, junto con el respeto y control sobre la clase, indican que los factores relacionales priman por sobre los niveles de conocimientos netamente disciplinarios de los profesores. La imagen del buen maestro se completa con la demanda de un buen manejo de los contenidos que enseñan, lo que a juicio de estos estudiantes se ve reflejado en una actualización permanente en el respectivo campo disciplinario. Coherentemente con lo anterior, identifican como defectos o debilidades de un profesor los siguientes aspectos:
·    No saber enseñar.
·  Ser arrogante o autoritario (por ejemplo, expulsar alumnos del aula).
·   Ser enredado o confuso al dar la clase (aquel que se desvía del contenido de la materia cuando enfrenta problemas o dudas ante preguntas de los estudiantes).
·   No controlar a los estudiantes (por ejemplo, permitir que los alumnos conversen o creen desorden).
·    Mostrar desinterés por los alumnos.
No ser respetado o ser mal educado. Un mal docente es aquel que no despierta admiración por su saber en los alumnos, lo mismo que aquel que no los respeta y se comporta de mala manera en su relación con los otros (especialmente con ellos).

En Argentina, un estudio realizado por Dussel, Brito y Nuñez (2007) encuestó a más de 380 profesores y 760 jóvenes de cuarto y quinto año del secundario de todo el país para conocer y analizar sus inquietudes y expectativas respecto del futuro. Al ser consultados sobre las características de un buen docente, los estudiantes argentinos destacan principalmente el dominio sobre la materia que enseñan, su capacidad para explicar, su motivación e interés por enseñar. A continuación, valoran que se les propongan actividades interesantes y que les ayuden en el proceso de aprendizaje, que sean justos en su trato (que los traten a todos por igual), que sean exigentes y que les enseñen a ser buenas personas. Al igual que en los otros estudios ya comentados, para estos estudiantes el buen maestro combina saberes con habilidades y actitudes pedagógicas, actitudes y principios éticos.

EL JUICIO DE LOS ESTUDIANTES SOBRE SUS PROFESORES
La evidencia confirma permanentemente que la percepción y el tipo de relación entre profesores y estudiantes tiene consecuencias y efectos directos en la motivación por asistir a la escuela y aprender, aspectos que no pueden ser ignorados tanto en la política como en los sistemas y los establecimientos educativos. Así, es esencial conocer la opinión y expectativas de quienes se relacionan directa y cotidianamente con los docentes, para profundizar y afinar las razones y factores que ayudan u obstaculizan el proceso de aprender y, por ende, afectan la calidad educativa a nivel institucional y sistémico. En este contexto, interesa contrastar el perfil ideal del docente según los estudiantes, con la evaluación que ellos realizan de sus propios maestros.
Durante el año 2002 se realizó una investigación en cinco países de Europa (la comunidad francesa de Bélgica, España, Francia, Italia y el Reino Unido), los resultados muestran que:
•    La mayoría de los estudiantes, independiente del país, señalan que sus maestros los tratan con justicia: las respuestas afirmativas oscilan entre el 70% en Francia y el 78% en España.
•    Sin embargo, solo cerca de la mitad señala que son tratados con respeto por parte de estos profesionales (entre el 49% en el Reino Unido y el 55,9% en Francia).
•    Los estudiantes que obtienen menores calificaciones son los más críticos respecto a la justicia y equidad de trato de sus maestros. Sostienen que no siempre se merecen los castigos que aplican sus profesores y que, frente a una misma ofensa, unos son más castigados que otros, que siempre retan y castigan a los mismos alumnos, y que lo mismo sucede con las recompensas.
• Una importante mayoría de los estudiantes considera justa la evaluación (calificación) que reciben de sus maestros, que guarda relación directa con el esfuerzo puesto por los propios estudiantes.
Por otra parte, la información disponible muestra que los jóvenes latinoamericanos y sus familias mantienen enormes expectativas respecto a la escuela y sus docentes, a pesar de los bajos rendimientos y resultados escolares que en promedio exhiben sus sistemas nacionales. Esto queda en evidencia en el estudio de Reimers (2003), a partir de una encuesta a jóvenes de 15 años en los países de la OCDE, que incluye información sobre Brasil y México. Dicho estudio muestra que los estudiantes mexicanos mantienen mejores relaciones con sus maestros que sus similares en otros países del grupo.
                                                                     
                                                                                 
                         Escribe:     Mg.   Máximo  Monteza  Flores

ES UN ARTICULO MUY INTERESANTE QUE NOS AYUDARA A MEJORAR EN LA PRÁCTICA PEDAGÓGICA, DIRÍA A MI  MODESTO ENTENDER QUE ES EL CURRÍCULO OCULTO, QUE LOS DOCENTES NO QUEREMOS VER O DEJAMOS DE LADO PORQUE TENEMOS LA FALSA PERCEPCIÓN DE NUESTROS ESTUDIANTES, DE LOS PROCESOS PEDAGÓGICOS Y DE LOS PROCESOS COGNITIVOS. 
           "A APRENDER A DESAPRENDER MAESTROS, ES LA TAREA DEL SIGLO  XXI"

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