YACHAY HUASI AMAUTA
Folleto de
investigación pedagógica Nº 03 Junio 2012
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PARADIGMAS
De acuerdo con Covey, los
paradigmas son los modos en que las personas ven el mundo, en el sentido
de percepción, comprensión o interpretación. Otro modo de entender los
paradigmas es la idea de que son teorías, explicaciones, modelos o supuestos
que son útiles para explicar la realidad. Los paradigmas no serían sino mapas
de nuestras mentes y corazones que dan origen a nuestras actitudes y conductas
y, en última instancia, a resultados.
La psicología tiene tres
paradigmas importantes para entender el psiquismo y comportamiento humanos. Un
paradigma -o fuerza psicológica- es el psicoanálisis de Sigmund Freud; otro es
el conductismo de John B. Watson; y, por último, el humanismo de Abraham H.
Maslow. Desde luego que cada uno de estos paradigmas o fuerzas psicológicas se
han dividido en muchísimas otras, pero este tema no constituye propiamente un
motivo central de esta exposición.
En administración también
podemos encontrar pensamientos administrativos paradigmáticos. En el siglo
XVIII aparecieron las ideas de Adam Smith; en el siglo XIX las ideas de Charles
Babbage; en los inicios del siglo XX las ideas de Frederick W. Taylor; y,
finalmente, en las postrimerías de este siglo las ideas de W. Edwards Deming.
Los principios -siempre en
la visión de Covey- son leyes naturales en la dimensión humana que gobiernan la
efectividad y que no pueden quebrantarse. Estos principios representan verdades
profundas, fundamentales, duraderas, universales y permanentes que han sido
reconocidas por todas las civilizaciones importantes a través del tiempo.
Si los paradigmas son el
mapa, pues los principios son el territorio. Uno de los principios más
importantes es la ley de la cosecha. Bastaría para comprenderlo
preguntarnos lo siguiente: ¿Podemos cosechar aquello que no hemos sembrado con
nuestro propio esfuerzo? Algunos otros principios son los siguientes: Calidad,
cambio, desarrollo, dignidad humana, educación, integridad, rectitud, servicio,
potencial y proceso.
Conforme a Covey, el
proceso de cambio y desarrollo personal siempre se produce de adentro hacia
fuera, y se sustenta en los principios, la persona humana (carácter, paradigmas
y motivaciones) y los hábitos de la efectividad. Esto quiere decir que los programas
de cambio y desarrollo personal para poder ser realmente efectivos tienen antes
que ser asimilados internamente por la persona traspasando las resistencias
internas y las barreras externas.
Los hábitos de la
efectividad personal y organizacional constituyen un nuevo paradigma propuesto
por Stephen R. Covey, sustentados en siete hábitos reconocidos por nuestro
autor en su original y productivo estudio acerca de la literatura del éxito en
su país durante el período 1776 - 1976.
Los hábitos no serían sino
la resultante de la intersección de tres elementos: 1. Conocimiento, responde
al qué hacer y por qué; 2. Capacidad, responde al cómo hacer; y 3. Deseo,
responde al querer hacer o motivación. Estos tres elementos son requeridos para
convertir algo en un hábito en nuestras vidas.
Veamos, a título de
ilustración, el hábito de la lectura a través de estos tres elementos: 1. ¿Qué
debo leer y por qué debo leer?; 2. ¿Cómo debo leer?; 3. ¿Deseo leer? Si una
determinada persona carece del hábito de la lectura, resulta indudable que uno
o más de estos elementos no están en la intersección. A propósito del hábito de
la lectura, recientes estadísticas oficiales informan, por ejemplo, que el Perú
sólo supera en índice de lectoría en América Latina a Haití. Como contrapeso de
esta situación podemos decir que el hábito de ver la televisión está
reemplazando al hábito de la lectura. Lastima, sí, que la televisión peruana no
ofrezca todavía todas las posibilidades educativas que debiera poner al
servicio de su propia comunidad.
La clave de la efectividad
es la relación entre la producción y la capacidad de producción. Covey ilustra
muy bien esta relación narrando la fábula de Esopo de la gallina de los huevos
de oro. Cuenta el fabulista que en cierta ocasión un granjero tuvo la dicha de
encontrarse con una gallina que ponía cada día un huevo de oro. No dando
crédito a lo que sus sentidos percibían, el desconfiado granjero hizo verificar
por otras personas el huevo. Y en efecto, pudo realmente comprobar que el huevo
era de oro. Por cierto que nuestro granjero enriqueció notablemente, pues cada
día que pasaba la gallina le ponía un huevo de oro. No pasó mucho tiempo antes
de que sus ambiciones desmedidas le hicieran pensar que era mejor dar muerte a la
gallina para tener de una vez todos los huevos de oro. En efecto, sin pensarlo
más decidió matar a la gallina de los huevos de oro. Mas al darle muerte y
abrirla comprobó para su desesperación que en su interior no había ningún huevo
de oro. Había matado sin pensar en las consecuencias a la gallina de los huevos
de oro. Así, pues, el huevo de oro de cada día de la gallina representa la
producción, así como la gallina representa la capacidad de producción.
Los siete hábitos encarnan
principios esenciales arraigados en nuestra conciencia moral y en nuestro
sentido común. Los hábitos de la efectividad, son los siguientes: 1. Sea
proactivo -hábito de la responsabilidad-; 2. Empiece con un fin en mente
-hábito del liderazgo personal-; 3. Establezca primero lo primero -hábito de la
administración personal-; 4. Piense en ganar / ganar -hábito del beneficio
mutuo-; 5. Procure primero comprender y después ser comprendido -hábito de la
comunicación efectiva-; 6. Sinergice -hábito de la interdependencia-; y 7. Afile
la sierra -habito de la mejora continua-.
2.5
Niveles de efectividad
Estos niveles de
efectividad, siempre en la visión de Covey, son los siguientes: 1. Efectividad
personal; 2. Efectividad interpersonal; 3.Efectividad gerencial; y 4.
Efectividad organizacional. Veamos muy brevemente cada uno de estos niveles de
efectividad:
1. La efectividad
personal, basada en el principio de la confiabilidad, constituye la relación
conmigo mismo;
2. La efectividad
interpersonal, sustentada en el principio de confianza, son mis relaciones e
interacciones con los demás;
3. La efectividad
gerencial, sostenida en el principio del facultamiento, es la responsabilidad
de hacer que otros lleven a cabo determinada tarea con un claro sentido de
responsabilidad y compromiso; y
4. La efectividad
organizacional, soportada en el principio de alineamiento, es la necesidad de
organizar a las personas en armonía con las líneas maestras de la organización.
3°. Los hábitos de la efectividad personal y
organizacional.
Este hábito de efectividad
representa la posibilidad de asumir nuevos desafíos en un ambiente de libertad
individual y responsabilidad social de la persona humana. Este es el hábito de
la conciencia y conducta de responsabilidad, el que resulta determinante en
cada persona para comprender sus realizaciones y frustraciones, sus retos y sus
respuestas, sus ambiciones y sus logros.
Es muy importante entender
que entre los estímulos, procedentes del ambiente externo e interno, y las
respuestas, manifestadas en conductas observables o no, existe la libertad
interior de decidir. Esta es evidentemente una postura no determinista, tal
como el propio Viktor E. Frankl la señalara al considerarla la última de las
libertades humanas. Al hombre se le puede despojar de todo salvo la de elegir
sus valores de actitud frente a las circunstancias de su propia vida. Una
lección magistral de libertad interior de elegir la dio el propio Frankl a raíz
de su dolorosa experiencia durante sus años de confinamiento (1942 - 1945) en
cuatro campos de concentración nazi. Su extraordinario libro: Un psicólogo
en un campo de concentración (1946), publicado después con el título de: El
hombre en busca de sentido, siempre perdurará como uno de los más valiosos
legados de valor y esperanza humanas en las condiciones más difíciles de
soportar para un ser humano.
Algunos ejemplos
ilustrativos sobre lo que constituye el hábito de la responsabilidad,
son los siguientes:
·
Valore positivamente la proactividad porque su práctica cotidiana
le significará también mayor libertad personal.
·
Sienta, piense y actúe reconociendo que su familia es su
responsabilidad más importante.
·
Acepte nuevos retos que lo desafíen a cuestionar y romper su
precaria seguridad para desarrollarse cada vez más.
·
Supere con decisión y valor las barreras internas y externas que
le impiden actuar en forma proactiva.
·
Anticípese al futuro diseñando con creatividad y oportunidad
acciones preventivas.
·
Actúe con suma responsabilidad en su trabajo como un camino
inteligente para progresar.
·
Reafirme día a día la responsabilidad que tiene sobre su propia
vida.
Este hábito de efectividad
refleja el liderazgo personal y satisface plenamente la necesidad de encontrar
un sentido a la propia existencia. Este es el hábito de la primera creación o
creación mental, el que resulta esencial en cada persona para comprender el
cumplimiento de su misión existencial.
Las observaciones y
estudios realizados acerca de la visión de futuro revelan que esta es en verdad
extraordinaria y, tal como lo considera Stephen R. Covey, el poder de una
visión de futuro es increíble. La literatura mundial abunda en casos que
demuestran la manera en que la visión de futuro posibilita el cumplimiento de
los propios objetivos. Viktor E. Frankl lo demostró personalmente, así como en
los casos de aquellos otros individuos enfrentados a situaciones límites en los
campos de concentración nazi. Benjamin Singer también comprobó el caso de niños
escolares que tenían una imagen de roles centrados en el futuro y su influencia
para su desarrollo. Andrew Campbell y Laura L. Nash estudiaron la influencia del
sentido de misión para el caso de las organizaciones y equipos. Por último,
Fred Polak estudió, para el caso de las civilizaciones, la influencia de la
visión colectiva de futuro.
Algunos ejemplos
ilustrativos sobre lo que es el hábito del liderazgo personal, son los
siguientes:
·
Decida y actúe iluminándose con su propia visión de futuro.
·
Dirija su vida previendo su derrotero futuro.
·
Contraste sus decisiones y acciones con su misión personal y
realice los ajustes que correspondan.
·
Acepte que su vida tiene un sentido . . . pero reconozca también
que es usted quien tiene que descubrirlo.
·
Identifique los principios y valores que orientan su propia vida.
·
Determine el sentido de su vida y comprométase con el mismo.
·
Lidere su vida trazando el rumbo que recorrerá hoy y mañana.
Este hábito de efectividad
interpreta la idea de la administración personal, y su aplicación inteligente
posibilita que las personas puedan encontrar la diferencia entre lo importante
y lo urgente para ser más efectivas. Este es el hábito de la segunda creación o
creación física, el que resulta básico para comprender la calidad de las
decisiones y acciones en el día a día.
Existen varias
generaciones de aplicaciones inteligentes respecto a la administración del
tiempo, cada una de las cuales ha logrado un avance sustantivo con respecto a
la anterior: Desde la primera, basada en las notas y listas de tareas; pasando
por la segunda, apoyada en las agendas; hasta la tercera, fundamentada en la
administración del tiempo. Stephen R. Covey ha propuesto una cuarta que
encuentra su sustento en la matriz de administración personal, en la que cada
actividad puede ser clasificada según dos criterios: 1) Urgencia, aquellas
actividades que requieren una acción inmediata; y 2) Importancia, aquellas
actividades que tienen que ver con los resultados. Así, cada actividad es
susceptible de clasificarse en los siguientes cuadrantes: 1) Urgente e
importante: Administración por crisis; 2) No urgente e importante:
Administración proactiva; 3) Urgente y no importante: Administración reactiva;
y 4) No urgente y no importante: Administración inefectiva. Resulta obvio que
es el segundo cuadrante el que resulta clave para el logro de la efectividad.
Algunos ejemplos
ilustrativos sobre el hábito de la administración personal, son los siguientes:
·
Defina en forma prioritaria los objetivos y metas que deberá
alcanzar en el corto, mediano y largo plazo.
·
Decida sobre aquello que no es urgente pero sí importante en su
vida . . . y determine actuar en consecuencia.
·
Precise sus roles y objetivos, esfuércese por cumplirlos . . . y
renuévelos.
·
Establezca un modelo de conducta que le permita ser plenamente
interdependiente.
·
Efectivice sus resultados definiendo previamente la jerarquía de
sus obligaciones.
·
Trabaje y comprométase diariamente sobre su victoria privada.
·
Practique a diario el uso de su planificador (agenda) para marcar
día a día la diferencia.
Este hábito de efectividad
ejemplifica el beneficio mutuo y ayuda poderosamente a encontrar el equilibrio
en las relaciones humanas con un sentido de bien común y equidad. Este es el
hábito que posibilita el logro de satisfacciones compartidas entre todas
aquellas personas que participan en un proceso de negociación.
Este hábito comprende el
estudio de seis paradigmas de interacción humana: 1) ganar / ganar; 2) gano /
pierdes; 3) pierdo / ganas; 4) pierdo / pierdes; 5) Gano; y 6) ganar / ganar o
no hay trato. Cada uno de estos paradigmas es un modelo de relaciones humanas
que conlleva determinados objetivos y logros; sin embargo, el primer modelo de
los nombrados en una realidad interdependiente es el único viable. Este primer
modelo representa beneficios mutuamente satisfactorios, además de que supone
aprendizaje recíproco e influencia mutua. La historia de los conflictos en
todos los ámbitos psicológicos y sociales refleja la ausencia de esta
comprensión, primero, y la práctica desafortunada de las negociaciones,
después. Los procesos de negociación colectiva llevados en forma periódica
entre representaciones empresariales y sindicales reflejan, en la mayoría de
las realidades empresariales latinoamericanas, un modelo basado en el paradigma
gano / pierdes, el mismo que a la postre se convierte en un paradigma pierdo /
pierdes.
Algunos ejemplos ilustrativos
sobre el hábito del beneficio mutuo, son los siguientes:
·
Piense que si trata al otro como a usted mismo le gustaría ser
tratado, estaría sembrando la semilla del ganar / ganar.
·
Acepte el hecho de que tanto usted como los demás pueden y deben
resultar beneficiados en una negociación.
· Negocie actuando con integridad, madurez y mentalidad de
abundancia.
· Decida aquello que favorezca el bien común y la equidad.
· Actúe pensando en que todos deben beneficiarse.
· Cultive una filosofía de vida ganar / ganar en la vida familiar,
laboral y social.
· Estimule la inteligencia del equipo de trabajo aportando una
filosofía y conducta sustentada en ganar / ganar.
Este hábito de efectividad
describe la comunicación efectiva y conviene aplicarlo a los efectos de
desarrollar los beneficios de la inteligencia emocional y obtener un clima
social de respeto y convivencia armoniosa. Este es el hábito que sustenta la
necesidad de comprender con empatía al otro para después ser comprendido y
poder edificar relaciones interpersonales más constructivas.
Destaca muy especialmente
en este hábito la importancia de la escucha empática en el proceso de la
comunicación humana. Si bien todos los hábitos de la efectividad se encuentran
muy relacionados con la inteligencia emocional, este hábito lo está en un grado
mayor por sus propias connotaciones emocionales. Se ha comprobado a través de
diversos estudios que la escucha activa resulta para el supervisor una aptitud
crítica para obtener el éxito en su gestión. Esta escucha es con la intención
sincera de comprender profunda y realmente a la otra persona. Puede recordarse
aquí que la antigua filosofía griega reconoce el ethos, fundamento del
carácter e integridad; el pathos, base de la empatía y el sentimiento; y
el logos, sustento de la lógica y la razón.
Algunos ejemplos
ilustrativos sobre el hábito de la comunicación empática, son los
siguientes:
· Aprenda mentalmente a ponerse en los zapatos del otro para
empezar a comprenderlo.
·
Pregúntese si la calidad de su comunicación con las personas
aporta el respeto necesario y posibilita una convivencia armoniosa.
·
Reconozca que para comprender al otro deberá aprender a escucharlo
. . . con la mente abierta.
·
Entienda al otro para comunicarse, primero, y encontrar juntos una
solución efectiva, después.
· Compórtese con la necesaria firmeza y seguridad frente a los demás
para ser escuchado.
· Realice depósitos constantes y positivos en la cuenta bancaria
emocional de los demás.
· Aprenda a establecer una comunicación empática escuchando y
dejándose escuchar.
Este hábito de efectividad
implica la interdependencia y es el producto social de individuos, familias,
equipos de trabajo y organizaciones bien integradas, productivas y creativas.
Este es el hábito que fundamenta los logros sinérgicos del trabajo en equipo,
vale decir de aquellos equipos en los que el resultado del colectivo es mayor
que la simple suma de sus integrantes. También podría afirmarse que el cociente
intelectual del equipo es mayor que el promedio del cociente intelectual de
aquellos que participan en su composición.
La sinergia es un producto
resultante de la calidad de las relaciones internas y externas de calidad
singular. Así, la sinergia intrapersonal es consecuencia de la práctica de los
tres primeros hábitos que propician la victoria privada o maestría personal; en
tanto que la sinergia interpersonal es el resultado de la práctica de los tres
segundos hábitos que generan la victoria pública o maestría interpersonal. Otra
manera de enfocar la sinergia interpersonal es considerarla como un producto de
la mentalidad de abundancia, la cuenta bancaria emocional y el esfuerzo por
procurar primero comprender. Un ejemplo notable de sinergia son los círculos de
calidad comprometidos, productivos y creativos.
Algunos ejemplos
ilustrativos sobre el hábito de la interdependencia, son los siguientes:
· Sinergice actuando con proactividad, competitividad y creatividad
en su equipo de trabajo.
· Seleccione la tercera idea superior en los grupos humanos
en los que participe.
· Alcance nuevos logros y propicie la innovación en su propia
familia.
· Supérese a sí mismo para desarrollar cada una de las dimensiones
de su personalidad y lograr una mayor sinergia interna.
· Actúe proactivamente para ayudar a la formación de un equipo de
trabajo bien integrado y productivo.
· Acepte la diversidad como una fortaleza del equipo de trabajo que
se necesita explotar con inteligencia, creatividad y sensibilidad.
· Intégrese a un equipo de trabajo sumando y multiplicando esfuerzos
para alcanzar los objetivos del grupo en forma sinérgica.
Este hábito de efectividad
interpreta la mejora continua y ofrece un horizonte de superación personal en
todas y cada una de las áreas de nuestra personalidad. Este es el hábito que
permite entender el mejoramiento personal en las dimensiones física, mental,
socio-emocional y espiritual.
Stephen R. Covey denomina
a este hábito afilar la sierra por aquella historia que relata acerca de
un leñador que se encuentra en pleno bosque tratando con mucho afán de derribar
árboles con su hacha. Sin embargo, no le pasa por sus mientes que su hacha
también requiere ser afilada cada cierto tiempo para que recupere su filo y
pueda seguir brindando un buen servicio. Pues eso es precisamente lo que
acontece con las personas cuando no son capaces de hacer un alto en el camino
de su vida para recuperar nuevas energías con el descanso reparador, la lectura
de estudio, la ayuda solidaria al prójimo o la meditación. Las personas
requerimos renovación en todas y cada una las dimensiones de nuestra
personalidad: física, mental, socio-emocional y espiritual. En cualquier caso,
la falta de una apropiada renovación en estas dimensiones puede tener un
elevado muy costo para las personas.
Algunos ejemplos
ilustrativos sobre el hábito de la mejora continua, son los siguientes:
· Descanse plácidamente las horas que necesita para reponer sus
energías físicas y mentales.
· Lea, estudie y reflexione. . . todavía sigue siendo una de las
maneras más inteligentes de informarse, educarse y cultivarse.
· Mejore todo lo que realiza, siempre existirá la posibilidad de
mejorar.
· Aliméntese en forma nutritiva y sana para estar siempre en buena
forma.
· Desarrolle su carácter expresando en su conducta principios y
valores positivos.
· Ofrézcase a sí mismo la posibilidad de renovarse en todos las
dimensiones de su personalidad.
· Cultive una vocación de servicio sirviendo a los demás con amor.

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